Inscríbase para recibir nuestro newsletter mensual

Enviar
(* Campos obligatorios.)
images/banners/6jYB7_banner-pedidomateriales3_es_hover.jpgimages/banners/banner_representadas-esmouseover.jpg
Seleccione la música que desea escuchar mientras visita nuestro sitio

Notice: Undefined index: HTTP_REFERER in /home/bedit13/public_html/sections/obras/ver-obra.php on line 18

Requiem de los ángeles, sin opus (1971)

Duración: 15 minutos

Orquestación: 3.3.4(4to= Clarone).3 - 4.5(5=Trombino).4(4= Dobla Cimbasso).0 - 4 Campanas - Gran Cassa - Tam-Tam - Tamburi fúnebre - Cuerdas.

Tipo de Obra: Orquesta

Pedir Obra

Estreno Mundial: 19 de abril de 1971 bajo la dirección del Maestro Bruno D'Astoli, al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en la Sala principal del Teatro Colón.

 

Partes:

  • Requiem
  • Dies Irae
  • Agnus Dei

 

Comentario:

Compuesta en marzo de 1971, esta obra orquestal obedece a un planteo sonoro muy concentrado que sigue fielmente los diferentes elementos integrantes del texto de la Misa de Difuntos. Es, así, un “Requiem” sin texto, en el que todos los factores expresivos y evocadores son confiados, en prieta sucesión, a los diferentes agentes sonoros que conforman a la orquesta de integración tradicional. Perusso explica que el título se debe a la intención de la obra: ha sido dedicada como misa de difuntos a los niños que sufren, víctimas inocentes de los devenires tan complejos que vive la humanidad. Por ende, la obra posee un fuerte dramatismo y llega a conjugar momentos de especial lirismo. Cada secuencia del oficio religioso queda expuesta, a veces en forma sumamente comprimida, en una célula sonora o en un devenir rítmico. Sin embargo, cada uno de estos elementos fundamentales es perfectamente perceptible para el oyente. Se divide en tres partes principales que corresponden, a grandes rasgos, al “Requiem”, al “Dies Irae” y al “Agnus Dei”. Dentro de estas tres partes, surgen los demás fragmentos menores, que quedan así involucrados en aquellos.

Perusso trabaja con células melódicas, de las que una alcanza ya al comienzo una importancia primordial: es la sucesión de una segunda mayor y de otra segunda menor, que vuelve varias veces a lo largo de la obra. La oración inicial del “Requiem” es una serie rítmico-geométrica, que surge con sonidos y también con silencios, de duración graduada, según el planteo 2-3-5-8-13. Esta progresión tiene importancia capital dentro de la obra. La suma entre esta progresión y el motivo de segundas confiere una característica esencial al comienzo. Al comentar la frase “te decet Hymnus”, la cuerda aguda entona un motivo muy característico que se va elevando e intensificando. El “Kyrie” opone un ritmo de tambores (“Kyrie”) con un acorde (“Christie”), procedimiento que es repetido hasta que sobreviene el “Dies Irae” con violento “glissando” de la cuerda y un diseño rápido de gran intensidad dramática. Con una serie de procedimientos casi programáticos es desarrollada esta parte de modo que el “Quantus tremor” trae “frulati” de trompetas, flautas y violoncelos, el “Tuba Mirum” un pasaje de gran fuerza a cargo de todos los instrumentos de vientos de metal. En medio de la secuencia aparece con un amplio solo de clarinete, entonado con comunicativo lirismo, la idea musical que corresponde al “Quid sum miser”. Este solo de clarinete pasa a las cuerdas, que lo desarrollan con imitaciones canónicas. El “Rex tremenda majestatis” aparece con enorme fuerza en los trombones y concluye con una acumulación sonora de todos los instrumentos de viento (procedimiento de “cluster”). El siguiente himno presente un “crescendo” que se va desarrollando paulatinamente. La misma línea melódica del solo de clarinete es presentada también en un procedimiento a modo de canon sobre un pedal alternativo de dos notas, confiado a los contrabajos. La célula de segundas luego es presentada en un desarrollo, igualmente canónico, por toda la orquesta y se eleva hasta un “tutti”, en el que se va presentando un “cluster” de enorme efecto dramático. Al unísono entona toda la orquesta la célula de segundas y surge, en el final, nuevamente la progresión geométrico-rítmica. La obra concluye con una “coda” en la que cuatro juegos de campanas entonan, desde el interno del escenario, con diferencias de “tempo” y a variada distancia, un repique que finalmente se va perdiendo.

Es deseo del compositor mostrar a través de esta composición orquestal un profundo mensaje de humanidad, cargado de dolor y dramatismo, recurriendo para ello a una de las más nobles expresiones de fe de la liturgia católica.

Comentario extraído del Programa de mano del Teatro Colón - Concierto extraordinario No. 5 de la Temporada oficial 1971.

 

 

Editor original: BARRY EDITORIAL. Representantes exclusivos para todo el mundo.